“Hay una planta en la fabulosa tierra de Asia, desconocida en la tierra dórica, algo inmortal; don de una diosa, de riqueza perdurable; conoce la protección del ojo que todo lo ve cuya luz del sol siempre la contempla”. Himno al olivo, Sófocles (s. V a.C.)
Fue tan privilegiado, que se erigió en protagonista de tratados y leyendas. Columela lo consideró el “rey de todos los árboles”, resiliente y longevo; y Teofrasto, en De Odoribus, mencionó el jugo de la oliva verde y tierna como la mejor base oleosa para los perfumes. Sus troncos retorcidos, robustecidos por el paso de los siglos, y sus copas plagadas de hojuelas afiladas de verde sobrio y destellos plata, cincelan la orografía de la cuenca mediterránea, su aventajada morada.
Su jugo, de denso verde esmeralda, fue tan costoso, que incluso estimuló la manufactura de la icónica cerámica de figuras negras ateniense, pues en aquellas diminutas ánforas se albergaba lo que denominaron “elixires sagrados”. El paso de los siglos no ha mermado al olivo –al contrario–, cierta pulsión en el ámbito del lujo contemporáneo hacia el earthy minimalism (la sencillez y autenticidad de la tierra), lo han convertido en una de las más fecundas fuentes de inspiración.

Del olivar a la probeta
Comenzando por la industria cosmética. La prestigiosa Ayuna Less is Beauty focalizada en el eco-lujo, la biotecnología avanzada, la mediterraneidad y la “cleanical beauty”, partió de las células madre del acebuche –la variante más pura del olivo silvestre milenario–, logrando aislar sus componentes más valiosos sin dañar ningún ejemplar para extraer sus micro-lípidos y obtener así uno de los complejos más avanzados en cuidado facial. Este complejo dio vida a Cellular Oil, un híbrido entre sérum y aceite que se mimetiza por completo con la piel, fundiéndose de forma magistral sin dejar residuos oleosos.
También en el regazo del lujo consciente y la sabiduría ancestral se acurruca Olevi, nacida en el Mediterráneo –como Serrat–, en ese Mediterráneo peninsular tan fecundo y sensorial. Su punto de partida: Olea Vitae, el activo presente en todas las formulaciones de la marca con el principal objetivo de restaurar, proteger y revitalizar. No hay mejor manera para erradicar las huellas del paso del tiempo en la piel que con activos resilientes, longevos, repletos de energía celular.
Olevi apuesta por fórmulas de galénica sugestiva, como Powder Mask, la mascarilla facial en polvo libre de agua y activos drenantes, detoxificantes y calmantes como el alga espirulina; o Shock Treatment, unas ampollas de acción intensiva para tensar la piel y minimizar los signos de fatiga. Pero, si hay algo que la hace meritoria es la sensorialidad de sus texturas. Neck Cream es como una varita mágica para camuflar las marcas y líneas de expresión de la compleja zona de cuello y escote. Difícil de describir, entre sedosa y evanescente, ligera y de extraordinaria frescura, tras la primera aplicación el aspecto de la piel se transforma radicalmente.
De similar sensación es la textura de Eye Contour Cream, aunque más liviana si cabe. Una pócima sensorial para el tratamiento global periocular que ataja todas las preocupaciones de esta delicada área: drena, aclara, reafirma y revitaliza, despejando y abriendo la mirada. Partiendo de Olea Vitae como activo clave para reactivar las mitocondrias y la energía celular, la fórmula incluye péptidos para controlar la inflamación, vitamina C para unificar el tono y activos biomiméticos que simulan la acción relajante de los neuromoduladores para alisar y debilitar las contracciones musculares oculares.

La alquimia de la oliva: destilando la esencia mediterránea
Lejos quedaron aquellos acordes –recreaciones artísticas– que los perfumistas experimentados tenían que idear para dar vida a ciertos olores imposibles de replicar en el laboratorio, como la oliva. Pero los avances en extracción están siendo protagonistas de logros casi impensables, especialmente en la perfumería artística o de autor. Hasta el momento, el olivo y sus jugosos frutos –el oro líquido de la antigüedad–no parecían ser las notas dominantes en la paleta del “nariz” contemporáneo. La memoria olfativa es implacable: pensar en la oliva nos puede generar una falsa sensación “encurtida” por los jugos con los que se maceran las aceitunas para su deleite gastronómico; también puede provocar esa sensación densa, oleaginosa y agreste que inspira su fruto verde.
Sin embargo, bien trabajada es una materia insólita que aporta toques afrutados con matices herbáceos, algo láctea y untuosa. Los primeros brotes de esta tendencia olfativa en perfumería comenzaron con el “absoluto de olivo”, inusual y complejo, de aroma delicado cuando se evalúa de forma individual que coge empaque en una composición aportando cierta complejidad vegetal o botánica a la fórmula.
A Grove by the Sea de Arquiste nos pone en bandeja esa ilusión olfativa que dibuja en la memoria el genuino aroma del aceite de oliva virgen y las olivas negras, una captura onírica de los exuberantes bosques mediterráneos orquestada en torno a las hojas de higuera y el higo maduro; tomillo, hinojo y romero; agujas de pino, ciprés y abeto; y una pizca salina para sentir en la piel la brisa del mar. Con A Grove by the Sea el perfumista Rodrigo Flores-Roux rubricó una obra de arte conceptual que recrea la sensación táctil del aceite y el característico aroma de las aceitunas machacadas sin una sola gota de extracto real.
La versión más fidedigna del carácter aromático del olivo la ha logrado el maestro Jean-Claude Ellena con Delphes de L’Objet. Para ello, se ha servido de absoluto de orujo de olivo (olive Grignon absolute), un ingrediente 100% natural excepcional exclusivo de L’Objet, nunca antes utilizado en perfumería. Se ha obtenido mediante un proceso físico-químico de destilación de los residuos sólidos del olivo (pulpa, restos de hueso, ramitas y hojas resultantes de la primera prensa), que sabiamente ha combinado con madera de cedro, pachulí y musgo de roble para enfatizar el carácter húmedo, terroso y amaderado de las colinas plagadas de olivos que custodian el sagrado templo de Delfos.
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