En ocasiones siento que algunos productos me susurran. Es como si me tirasen del suéter y me dijesen: “Pssshh!” Eso me pasó con el serum facial Green Goddess, de la marca canadiense Sarisha, en cuanto vi verdear su intenso jugo. Y no solo porque el verde sea el color de la cosmética de los nuevos tiempos, sino porque, ese tono denso, sugería una fórmula activa que prometía hacer maravillas en la piel.
Sarisha, significa encanto y elegancia en sánscrito (algo que me encanta porque me resuena a “Clarisa”, mi apelativo de la infancia). Un nombre la mar de apropiado para expresar el refinamiento con el que están desarrollados estos productos de botánica moderna y raíces indias, inspirados en fórmulas de antiguos boticarios. Green Goddess Glow Oil, está cuidadosamente orquestado para que no se obstruyan los poros, uno de los mayores temores de usuarios con pieles complicadas que a la mínima se sobresaturan.
Pero, a pesar de ser una fórmula en aceite, no merece albergar dudas, porque su lista de ingredientes parece estar sacada de una receta ancestral de Hipócrates para sanar la piel, devolverle el esplendor y mitigar muchos problemas que tienen de nexo común la inflamación, como eczema, acné, dermatitis…. Green Goddess es un serum no solo embellecedor, sino curativo. Solo hay que echar un vistazo a su lista de activos:

Un INCI con lo mejor de la botánica moderna
En la cabeza de la lista, los aceites de semillas de cáñamo (Cannabis Sativa) y Opuntia Ficus Indica. Dos celebrities de la A-List de los ingredientes tendencia mejor posicionados. Y no es para menos. El primero, una fuente incontestable de ácidos grasos omega-6 y omega-3 en un ratio de 3:1, es decir, en una proporción ideal.
Con una fuerza antiinflamatoria digna de súper héroes. Lo que lo hace absolutamente recomendable para problemas como acné, eczemas o psoriasis. Por si fuera poco, algunos estudios demuestran su acción contra el Staphylococcus aureus, uno de los villanos que atenta contra la buena piel.
Qué decir de la segunda, también llamada Nopal, Tuna o cactus de higo chumbo. Convertido en uno de los ingredientes estrella de las novedades cosméticas. Su origen desértico le atribuyó ese carácter exótico que tanto nos gusta a los usuarios de Occidente. Lo que dejó claro es que es un crack previniendo la deshidratación y regenerando pieles maltrechas. Suaviza, repara, regenera y es un excelente antioxidante.
Siguiendo en la lista, la gran rosa canina o Mosqueta, imperecedera y atemporal, algo que se ha ganado a pulso a lo largo del tiempo por su virtuosismo a la hora de regenerar pieles dañadas por su riqueza en carotenoides. Y espino amarillo, ¡Oh, dioses!, el espino amarillo… Se podría decir que hablamos del mejor amigo de la piel. Rico en Omega 7, hidrata piel y mucosas, tiene acción antiinflamatoria y potencia la luminosidad más que los LED de última generación.

Blue Tansy y Loto, dos súper héroes
Para concluir, mis preferidos de la lista: Blue Tansy, Tanaceto azul o hierba lombricera, una especie botánica que le debe su profundo y casi narcótico tono azul al camazuleno, una molécula presente en otras especies, como la manzanilla, también en la fórmula. Una molécula utilizada en medicina tradicional hace eones por sus propiedades antiinflamatorias, antibacterianas, calmantes y relajantes.
Y extracto de Nelumbo Nucifera (Loto indio o rosa del Nilo). La flor sagrada para muchas culturas y un semillero de buenas virtudes epidérmicas. Es una fuente incalculable de vitaminas y nutrientes que se aprovechan para calmar la dermis, estimular los mecanismos naturales de hidratación de la piel, fortalecer la barrera cutánea, activar la circulación sanguínea y así irrigar los tejidos o combatir enérgicamente contra los radicales libres por su potente acción antioxidante que evita el deterioro celular.
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