El poso que me queda tras esta última edición de Pitti Fragranze –la 22ª ya–, es la eterna dualidad olfativa entre lo penetrante y lo etéreo. Entre lo denso y lo volátil. Como un perpetuo juego entre elementos opuestos. Cielo y tierra, paraíso y averno, lo humano y lo divino fusionado en una danza tántrica de conclusión incierta cuya coreografía da sentido al ser. Al existir. Me queda esa sensación de composiciones olfativas cuyas notas aromáticas vuelan ligeras, como una caricia olfativa que se expande y se pierde a unos pocos centímetros de su sillage.
Las marcas se defienden asegurando su longevidad por la alta concentración de materia aromática. “Un 40%”, aseguran algunos. Verdaderos extractos de perfume que, sin embargo, se quedan cortos para narices audaces que ya lo han experimentado casi todo… Una visión contemporánea del perfume artístico o de autor que evoluciona hacia formas más conceptuales e intelectuales. Menos oud y más romero. Porque las nuevas propuestas parecen navegar por los mares de las aromáticas. De las resinas, los musgos y las maderas fragantes. Nos invitan a surcar bosques primigenios, inexplorados, donde se forja la magia de la naturaleza.
Puede que sea por el auge de la visión asiática del perfume. Mucho más pávida en eso de invadir el espacio olfativo ajeno. Puede que sea porque llegar a las narices más jóvenes implica bajar de decibelios la tensión aromática, aunque luego van y se decantan por los ouds más modernos, luego lo contaremos. La cuestión, la 22ª edición de Pitti nos ha mostrado una evolución perfumística hacia opciones más sutiles y etéreas, más aireadas, elevando a la enésima potencia eso de lo efímero del perfume, pero de más calidad, pagas más, hueles menos, pero esa experiencia sensorial, te promete instantes de absoluta felicidad. Aquí algunas impresiones.

Asia al alza (a pesar de Mao)
Que el gigante de los sabores y los aromas Givaudan, haya desarrollado L’Appartement 125, en el corazón de Shanghái, para el desarrollo de fragancias finas en colaboración con perfumistas y marcas de la región, ya es un claro indicativo de que Asia está llevando la batuta en esto de ofrecer “nuevas direcciones olfativas” a un mercado más que saturado de marcas y nuevos conceptos. Algo que nos puede parecer un tanto paradójico a los occidentales de ideas preconcebidas, como la de que los asiáticos no usan perfume por una cuestión cultural: la de no invadir el espacio vital del ajeno.
Cierto es que Mao Tse-Tung censuró el perfume en la China revolucionaria por considerarlo un símbolo decadente de las dinastías imperiales, vinculado al exceso, la obscenidad de los harenes reales y el excesivo precio que llegaron a adquirir aquellas mezclas perfumadas custodiadas con celo. Pero Asia ha cambiado mucho, dispuesta a compartir su herencia ancestral y su pulsión hacia la espiritualidad que en Occidente aceptamos de buen grado.
Desde las propuestas más vanguardistas centradas en el lifestyle y la moda como la franco-coreana Ohtop, a las que apelan a la memoria olfativa como la sur-coreana Organ Tale, que se sirve de los mejores maestros perfumistas para crear sus extractos de perfume (en torno al 40% de concentración); o las de visión más artística como la china Tobba, que plantea el perfume como una obra de arte traduciendo lo visual en olfativo incorporando ingredientes naturales y moléculas sintéticas para esbozar impresiones y recuerdos; y las coreanas Le Persona y Sisology, con sus impresiones olfativas que capturan emociones, actitudes o momentos especiales de cada día.
Las más puristas: la japonesa J-Scent, que captura la esencia tradicional de Japón en un frasco para poner en nuestras pieles emblemas de la imaginería nipona, como el sake y la flor de cerezo de Hanamizake; el bintsuke, o aceite capilar con eucalipto y anís con el que se ungen la cabellera los luchadores de sumo en Sumo Wrestler; o la exquisita madera de agar venerada antaño en Hanamachi, que rinde homenaje al distrito de las geishas. Y la china Black Fades, que se sirve de los sinogramas especiales de la caligrafía asiática como 末 (mut6), que significa “sabiduría y éxito en abundancia”, una curiosa combinación de eucalipto, higo, heno, lavanda, olíbano y sándalo, que invita a ahondar en la oscuridad para llevar luz al alma.
Haciéndose eco de las costumbres chinas antiguas, Black Fades se centra más en aromatizar las estancias con incienso (como 夕zik6, que significa tranquilidad, un momento de relajación) o llegar a la transformación gracias a la alquimia interna con sus remedios florales, como el de madreselva, que ayuda a liberar recuerdos de pasado para afianzar el presente. Sin DNI asiático pero sí cargado de inspiración, la checa Kintsugi, afianza su storytelling en la cultura japonesa, particularmente en la filosofía del mismo nombre, cuyo objetivo es sanar cuerpo y alma.

Oda a los ancestros y la madre Tierra
La australiana Siuno, además de rendir homenaje a los aborígenes Kaurna del sur de Australia, cuyo idioma y cultura fueron abolidos por la colonización británica del siglo XIX, se centra en esa categoría de perfume que parece estar calando en un consumidor ansioso por recuperar esa conexión profunda con la naturaleza más abrupta y genuina: el perfume botánico. Y lo hace abasteciéndose de ingredientes silvestres, como el eucalipto de Kaliptos, oriundo de Kangaroo Island, que se procesan con mimo en micro-destilerías biodinámicas, siguiendo los calendarios y ciclos astrológicos. Esas combinaciones botánicas se dejan madurar en alcohol natural elaborado con residuos de vino del valle Barossa.
La magia del terroir. Eso parece querer capturar Nissaba Fragrances from Earth, con sus ingredientes únicos provenientes de los territorios más preciados, trabajando mano a mano con productores locales, que luego son procesados y combinados siguiendo las directrices de la perfumería artística por maestros renombrados. Nissaba, en mitología sumeria “La diosa del grano”, la escriba de los dioses y la guardiana de los relatos divinos, es la musa que ha inspirado esta colección, una colección que se centra en territorios concretos del planeta, como Malli Nadu, que captura el encanto floral y narcótico del jazmín Madurai Malli, Tamil Nadu (India). O el cardamomo de Guatemala y el bálsamo de Perú de El Salvador que recoge Tierra Maya.
Extra Virgo y sus “botánicos prohibidos”, una de mis elecciones ganadoras de pasadas ediciones, se inspira en los sabios de la antigüedad, la medicina ancestral y los ingredientes que sirvieron tanto de medicina como veneno: cannabis, hongos o tabaco sagrado y cacao ceremonial. Spirito Santo es su última creación, en edición limitada de 100 piezas, hecha a mano en Florencia, que celebra la luz y la oscuridad de la espiritualidad sagrada y profana, una composición única que contiene resinoide de olíbano puro de Omán, romero toscano, cannabis sativa y oud indonesio.
La Oud-mania se afianza
Uno de los ingredientes más misteriosos, vetustos y costosos de la paleta del perfumista, parece vivir su mayor gloria con las nuevas generaciones, eso sí, con una intensidad o salvajidad edulcorada. Estamos presenciando ouds para todos los públicos, desde los tradicionales, genuinos y rebosantes de matices, como los de AJMAL, uno de los líderes mundiales en la destilación de oud y creación de los exquisitos dhan-al-oudh, el aceite puro de madera de agar de la mayor calidad; a Ghawali, un puente sensorial entre la herencia y el pulso dinámico del presente con sus versiones más afines a las nuevas generaciones.
En el punto intermedio entre los ouds más auténticos e implacables que se vuelven adictivos por insertarse en composiciones vanguardistas e inesperadas están los de Azman Perfumes, una de mis apuestas de esta edición, ni excesivamente edulcorada ni brutalmente salvaje. Simplemente ofrece esa nueva versión de ouds. Mezclas contemporáneas que no pierden su crudeza olfativa, pero se matizan con ingredientes más cándidos, como el ylang-ylang, la champaca o el frangipani. Esas combinaciones insólitas con las que parece querer epatarnos la nueva perfumería. I Am Darkness se debate entre el absoluto de café, las flores blancas, la pimienta y el incienso. Con un oud camboyano que asegura cierta aura “oscura” pero nada abrumadora.
Marcas como The Spirit of Dubai (un homenaje al lujo árabe) y Ojar (inspirada en la cultura omaní y los rituales de Oriente Medio), reivindican la hegemonía del perfume árabe en la perfumería de autor como quintaesencia del arte en perfumería. Les Fleurs du Golfe, por su parte, mantiene la esencia de Arabia con un toque tendencia gracias al matiz gourmand, como el de Sugar Oud (maracuyá, vainilla y oud). ¡Ay!, los gourmand… Esa familia olfativa que desata la fiebre de los más jóvenes (y no tan jóvenes), tan en alza, que hasta tuvo su hueco en los Pitti Talk con “The new gourmandise, from taste to fragrance”, a cargo de MANE, una de las líderes mundiales en la industria del aroma. Una tendencia que engarza con otra de las grandes inclinaciones de consumo actual: el placer olfativo.

Más Whisky y menos vainilla: el resurgimiento del placer olfativo
Parece una consecuencia lógica, que el apego a lo que nos aporta confort y goce derive en una nueva casta de gourmands: los que nos impulsan a reconectar con la hipersensualidad y alcanzar sensaciones superlativas, según uno de los últimos informes de la investigadora de tendencias NellyRodi. Aromas que nos hacen sentir vivos, que despiertan y excitan nuestros sentidos. Ambarinos cálidos, especias carnales y frutas jugosas que nos impulsen a besar, lamer, morder… Hacernos visibles olfativamente, ocupar espacio, reivindicar nuestra presencia a través del olor.
Apelar a placeres clandestinos o coquetear con la embriaguez, parecen ser las nuevas fuentes de inspiración de las marcas más disruptivas que desafían los códigos de la perfumería tradicional, como BLNDRGRPHY, una de las debutantes en esta edición de Fragranze, con sus creaciones multisensoriales que apresan la esencia de los momentos más placenteros de la vida celebrando el arte de la mixología, o la habilidad de mezclar bebidas para gestar cócteles insólitos.
Una mixología olfativa que propone viajes sensoriales donde perfumes y cócteles se deconstruyen y reconstruyen para generar experiencias únicas y embriagadoras que complacen los sentidos. Amber Negroni (naranja, latte chocolate, caramelo, vainilla, ginebra, vermú y la afrodisiaca piri-piri) o Patchouli Mojito (acorde de ron blanco, limón, menta, pachulí, azúcar y la adictiva Iso-E-Super), pueden ser dos grandes ejemplos. En la misma línea Akro Fragrances, desarrollada por el maestro perfumista Olivier Cresp y si hija Anaïs, con la nada desdeñable intención de conceptualizar olfativamente las adicciones. Tabaco, Whisky, chocolate, café, fiestas… Capturar esos instantes de “subidón”, de euforia, y embotellarlos.
Akro Malt, es una adictiva fragancia que ensalza los matices dulzones y ahumados del whisky y su sillage decadente. Un aroma inspirado en los pubs y bares de Londres donde Anäis Cresp trabajó en su juventud estudiantil que asociaba con ese «punto de inflexión» de la noche: la hora de las brujas en la que las cervezas se acaban, la relajación se convierte en hedonismo y la noche se acerca a la mañana. Y hablando de brujas…
Alquimia y narrativas místicas
Ya lo comenté en “Perfumes espirituales, el talismán invisible”, hablar de espiritualidad en el perfume es remontarse a la génesis misma del aroma. En esta edición de Pitti Fragranze, el incienso ha brillado por su presencia. Desde perfumes inspirados en la mística resina a incensarios cincelados con cierta pátina contemporánea o varillas perfumadas que conjugan antigüedad con modernidad. Inciensos de “autor”, como los de Lydeen, Black Fades o Artisan de Mano, inspirada en la Florencia renacentista y en la alquimia a la que propende su perfumista creador, Sileno Cheloni.
Para Vallense, “todo es energía y vibración, y la energía es lo que promueve el cambio”. Se centra en el aroma como la percepción del olor a través de nuestro sentido del olfato, provocado por las moléculas en suspensión que vibran a frecuencias específicas e interactúan con nuestros receptores nasales. Partiendo de esta premisa, Vallense se sirve de la alquimia de las plantas de más elevada vibración, como la hierba dulce (Hierochloe odorata), rebosante de cumarinas (no en vano, también la denominan “la hierba vainilla”), sagrada para los pueblos indígenas del norte de América que todavía hoy se utiliza trenzada para ser quemada en sahumerios de limpieza y protección y en rituales de purificación a través del sudor en India.
Spiritum Paris, se centra en el conocimiento antiguo y la armonía entre el cuerpo y el espíritu para traducir ese lenguaje secreto en sus perfumes. Numerus, la primera colección, está inspirada en la numerología, retomando ese concepto de vibración, considera los números como vectores de la fuerza cósmica sutil, que se convierten en talismanes que calman, inspiran y atraen protección. Un pensamiento muy “Chanelista” que erigió uno de los iconos del siglo XX como un talismán olfativo basado en el 5. Curiosamente el número que me identifica según la calculadora que la marca tiene en su web, “5 The Guardian Master”, que simboliza la libertad, el cambio y la suerte. Para suerte, la mía.
El punto de partida y los tres pilares olfativos sobre los que se asienta esta colección son el olíbano, la mirra y la salvia, “la tríada de la divinidad”, que con su mágica influencia consiguió transformar al creador de la marca, con sus moléculas poderosas que, al combustionarlas, liberan componentes de carácter psicoactivo, un trance olfativo para entrar en contacto con la divinidad. Su último lanzamiento se denomina Tantrism, inspirada en el compendio de sabiduría tan relevante para hinduismo y budismo. Una pirámide olfativa que conjuga placer sensorial con erotismo primario, sagrado, donde, por supuesto, no faltan el olíbano o la mirra, a los que añaden notas gourmand como el cacao y la vainilla, también sagrados en culturas precolombinas, reposando en una base holgadamente animal: ámbar gris, almizcle, ambretolide y ambroxan.
Uno de los últimos lanzamientos de la lituana FUMparFUM, de su línea Alchemist Charlatan, “Sleeping Quechua”, nos zambulle en un viaje místico por la cordillera andina, con yerba mate, angélica y hoja de tabaco, que nos plantea una inmersión sensorial en los rituales ancestrales andinos, de matices herbales sagrados. Y es precisamente el resinoide de olíbano, género Boswellia, el que ha estado muy presente en esta edición. Como los que rezumaba Maison Incens, Olibanum o el incienso eclesiástico de Chapel Factory.
Europa, a la cabeza de la perfumería artística y experimental
Partiendo de la clara hegemonía de Francia e Italia y sus marcas de culto liderando el plantel de exhibidores, el resto de Europa parece tener mucho que contar en esto del arte en perfumería. Países como Rumanía, Lituania, Alemania, Suiza, Croacia o Países Bajos, han tenido una interesante presencia. Propuestas como la austríaca Wiener Blut y las noruegas Son Venin o Malbrum, han mostrado un punto de vista más vanguardista y conceptual en la fragancia de autor.
En cuanto a España, además de veteranos como Santi Burgas y la apuesta de Santa Eulalia, la propuesta de Woha Parfums y su “arquitectura líquida”, nos muestra la interesante relación entre espacio arquitectónico, aromas y fragancias, desde un punto de vista artístico.
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