Lo primero que hice cuando fui a Bali es comprar incienso. Lo mismo que cuando a fui a Tailandia, pero también lo hice cuando fui a Nueva York y en un mercadillo medieval de Toledo… Tengo una extraña adicción, y una colección infinita de esos sugerentes sticks. Algunos de ellos son mezclas curativas tibetanas. Otros son de plantas sagradas como el Palo Santo de Espiritus del Ande, creado artesanalmente y pensado para quemar a pequeños pedacitos para despertar la memoria atávica. Tengo de romero, de canela, de mirra, incluso más exóticos como el ayurvédico Shatavari… Llevo quemando incienso desde que mi memoria es capaz de identificar mi pasado, y nunca me canso de olerlo, porque cuanto más lo quemo, más me conecta con lo auténtico.

Puede que de una forma automática e inconsciente asociemos el incienso a las clases de yoga, las tiendas de suvenires orientales o el hippismo de los 70. Arraigado culturalmente a Asia y Oriente Medio. A la ceremonia Koh-Do o Kōdō japonesa (una de las tres artes clásicas del refinamiento nipón) o el ritual Bukhoor árabe donde se quemaba como gesto de cortesía, respeto y hospitalidad en celebraciones para aromatizar a los asistentes. Se han escrito muchas cosas sobre el incienso, siempre vinculado a ceremonias y rituales tanto religiosos como paganos. Pero las cosas están cambiando. El toque occidental lo está revistiendo del charm del que suele hacer gala. Ahora el savoir faire de maestros perfumistas franceses se vuelca entre las resinas y especies herbales que sirven de base para forjar las varillas. Ahora los inciensos compiten con las velas perfumadas para dar un toque cool al hogar. Ahora…, los inciensos también cuentan historias.
Como las fascinantes aventuras aromáticas que narra uno de mis últimos descubrimientos: Astier de Villatte, más conocido por su cerámica, artículos de papelería y velas perfumadas, creados en un mítico taller de la Bastilla del que salía la plata del mismísimo Napoleón, según cuentan… Dicen que su boutique en el 173 de la rue Saint-Honoré parisina es centro neurálgico de los amantes del estilo de vida. La cuestión, su colección de inciensos aromáticos, hechos a mano en la isla japonesa Awaji y elaborados con ingredientes naturales puros, se ha realizado en colaboración con François Caron, y el encargo fue crear una gama de inciensos inspirados en todos los rincones del mundo e incluso lugares especiales que dejan su poso, como la Opera de París o el Palais de Tokyo. A mí me gusta Delhi (35 €), cada ondeante bocanada recuerda al bullicio de la capital, a un acto nupcial decorado con guirnaldas de caléndula. Lleva benjuí, almizcle, mirra… pero también vainilla, eucalipto y menta. Un contraste especiado y fresco al mismo tiempo que nos hace volar olfativamente al corazón de la India.

Una de las apuestas más vanguardistas que he visto es la de Cinnamon Projects, una creación surgida de la agencia creativa creada por Andrew Cinnamon y Charlie Stackhouse, expertos en arquitectura, escultura, diseño gráfico, fotografía, publicidad… No es de extrañar que hayan sido capaces de dar un giro de tuerca a la estética ceremonial del incienso para hacerlo un objeto aromático de lo más trendy. 25 sticks (30 €) guardados en lujosos viales de cristal negro serigrafiados en oro con un concepto de lo más peculiar: cada pieza de la colección está pensada para un momento determinado del día: 7 a.m., con té negro o manzanilla, para inducir a un estado meditativo y entrar en conexión con el cosmos; 4 p.m., con iris, enebro, mandarina o pachuli, para coger enfoque; 8 p.m., con cuero y tabaco, para ponerse a tono; 12 a.m., con ámbar, clavo y lavanda, aporta profundidad y calma; 2 a.m., con cedro, canela, miel y vetiver, caliente, decadente, enajenador…

Pero al final siempre termino volviendo al mismo estilo. A esos inciensos rústicos, puros, casi mágicos… Como Incausa. Esta firma afincada en Brooklyn (Nueva York) apoya a los indígenas marginados de Brasil con este proyecto que pretende que recuperemos la noción de lo sagrado, devolverlo a nuestras vidas y volver a conectar con las raíces al tiempo que se favorece a culturas desprotegidas. Su colección no es muy extensa pero lo suficientemente compleja. Están elaborados de forma artesanal con resinas naturales de gran poder terapéutico como Breu Resin, originaria del Amazonas, con virtudes anti-inflamatorias, analgésicas y gastro-protectoras; el palo santo o madera sagrada, potente limpiador energético; o la salvia blanca de propiedades bactericidas y purificantes. Yo me hice fan de su Bath & Meditate kit, compuesto de jabón artesanal con aceites esenciales, madera de palo santo y algunas varillas de sus inciensos más elogiados, un completo set para adentrarnos en una práctica ancestral que ahora parece recuperar su hegemonía.
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