«La piel perfecta se ha convertido en el reto de la mujer inteligente. Hoy es habitual que personas de ciertos círculos presuman de gastar buena parte de su sueldo en serums. Las últimas tendencias en cuidado de la piel tienen un talante científico tranquilizador: péptidos, ácidos, soluciones y otras cosas con sufijos clínicos que normalmente se venden en pequeñas cantidades por grandes sumas de dinero. Pero todo esto es una estafa. Tiene que serlo. La piel perfecta es inalcanzable porque no existe. La idea de que todos debemos tenerla y quererla es una pérdida de tiempo y dinero. Especialmente para las mujeres, que están desproporcionadamente gravadas por el ideal de la piel perfecta y su búsqueda material».

Así comienza el polémico artículo “La estafa del cuidado de la piel”, de Krithika (¿un nombre apropiado?) Varagur, publicado en theoutline.com. A pesar de ello, no se puede negar que la cosmética en general, está viviendo su mejor momento. Cada semana asistimos a lanzamientos de nuevos productos de parte de los “big players” de la industria y de nuevas marcas nicho (denominadas hoy en día indie), pequeñitas, muchas de ellas elaboradas de forma artesanal con ingredientes del campo en las cocinas de sus creadores (la formulación de un producto natural es una ciencia, no un experimento). Pero en estas líneas no quiero centrarme en los problemas de irritación que puede generar la canela u otros ingredientes “naturales” o el impacto negativo en la salud de la piel derivado del uso de un aceite en mal estado. Lo que realmente quiero es celebrar la época dorada de la cosmética, que es mi pasión y, por fortuna, mi trabajo.
Como creador de una línea cosmética (Twelve Beauty), una de las preguntas más difíciles de contestar es quiénes son mis competidores. Para no parecer que estoy improvisando, acabo enumerando a mis compañeros de estantería de los puntos de venta, que lejos de verlos como rivales (muchos con el tiempo nos hemos convertido en amigos), simplemente considero que formulan y conciben los productos de manera distinta, que tienen su propio público. Digo esto porque, a pesar de la gran cantidad de marcas existentes en el mercado, creo que hay espacio para cada una de ellas.
Luego esas creaciones se escrutan, se comentan por periodistas, blogueros, instagramers…, algunos son expertos veteranos y otros con menos formación y experiencia. Algunos de estos “auto-declarados” expertos de belleza y salud (hay público para todo), únicamente están motivados por conseguir una crema gratis que más tarde venderán con total desfachatez en las mismas redes sociales donde han proclamado a los cuatro vientos su amor incondicional por el producto que han recibido a cambio de una mención.

Luego están los artículos como el de theoutline.com donde se cuestiona si sirve de algo la cosmética o si es en realidad toda una estafa. Apenas leí el titular pensé, la historia se repite, cuando algo está en auge, siempre sale alguien a desmontar la hazaña o alertarnos de un potencial peligro. Pero tras leer detenidamente el artículo, entendí los motivos de la periodista, lejos de crear una polémica gratuita pensé, y muy a mi pesar, que tenía razón… Aunque solo en parte. Según datos actuales, hay alrededor de 10.000 ingredientes aprobados para su uso en cosmética. En otras palabras, los formuladores disponemos entre emulsionantes, excipientes, principios activos y conservantes más de 10.000 diferentes tipos de activos para dar rienda suelta a nuestra creatividad. Por tanto, es justo decir que este número de opciones sirve para elaborar cosméticos, pero no por ello van a ejercer el mismo resultado sobre el aspecto de la piel. Es decir, podemos prescindir de gran parte de esa lista de ingredientes. Las opciones disminuyen si tenemos en cuenta el origen y la calidad de los ingredientes y el ingenio a la hora de combinarlos para que den lo mejor de sí. No todo vale, y creo, que eso es a lo que se refería la autora.
He de corregir: no es que no valga todo, pero en este momento donde todo lo queremos ya, no hay tiempo que esperar para resultados visibles. Por ello los consumidores a veces pensamos que es una estafa ya que el producto a examen no alcanza la nota esperada en el tiempo deseado. Como formulador he de comentar que todas las cremas, desde las más básicas a las más sofisticadas, ejercen un efecto hidratante que va de ligero hasta notable, por el simple hecho de su composición de base, una mezcla de agua y aceite que en mayor o menor medida ejercerá de emoliente (que ablanda, aporta jugosidad) sobre las capas más externas de la piel.

En todos estos años de profesión he tenido la posibilidad de probar cientos de productos, algunos han pasado por mi cara sin pena ni gloria, otros, al contrario, la han transformado completamente llegando a generar un 50% de cumplidos y otro 50% de envidias entre mis conocidos. Y he de recalcar que la calidad de los ingredientes contribuye mucho a la eficacia del producto. Por poner un ejemplo real, he visto ácido hialurónico a 300 € el kg. y otros a 3.000 €. Ambos con un proceso de purificación diferente, el de precio más elevado dejaba la piel muy suave, elástica y jugosa; el de precio más bajo, resultaba pegajoso. Al igual que el aceite de aguacate, desde 16 € el kg a 80 €. Esta diferencia de precio se nota en la calidad. Y, por tanto, en el efecto del cosmético. En esta injustificada “estafa” no podemos generalizar sobre todos los ingredientes ya que cada uno de ellos actúa de manera diferente y, por supuesto, depende mucho de las dosis utilizadas. La falta de legislación y controles, involuntariamente y por desgracia, pone en jaque también a la cosmética elaborada a conciencia.
Por último, subrayar el hecho de que todos somos únicos y que el mismo producto tendrá un efecto distinto en diferentes personas, y somos nosotros, los consumidores, los que gastamos nuestro dinero donde realmente queremos. No es ninguna estafa. Puede que un cosmético que supere los 100 € de precio se considere una estafa salvo que haya algo que lo justifique; por ejemplo, con The London Mask tardo tres días para hacer tan solo 50 tarros… Y el coste del aceite que uso en la fórmula es desorbitado. Si alguien invierte cientos de euros mensuales en cosméticos para conseguir una piel sana y mejorar la función barrera de nuestro órgano más grande, no seré yo quien juzgue esa buena inversión…
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