¡Quién no se ha comprado un cosmético en Paquita Ors!, me dijo un buen amigo. Y no le faltaba razón. En las tiendas Cosméticos Paquita Ors, esa rara avis del mundo de la belleza, como plasmaron en la revista Woman, siempre bullía un nutrido grupo de clientas (y clientes) en busca de esa pócima de receta secreta que sanara su piel.
Porque ese es el origen de esta empresa familiar, con la matriarca, Paquita Ors, a la cabeza. Una farmacéutica visionaria que, en los años 50, en una Valencia paupérrima, decidió curar la piel maltratada de los trabajadores de los Astilleros con las cremas que, de forma artesanal, elaboraba en su botica. Las consignas estaban claras: debían ser cosméticos asequibles, de estética sencilla y basados en el poder de las plantas. Sobre todo de acción calmante, como la malva o la caléndula. Una visión muy democrática de la belleza. Algo que se ha mantenido en el ethos de la casa hasta nuestros días.
Pero el pilar más sólido y, posiblemente, la baza más poderosa de Cosméticos Paquita Ors, es la prescripción individualizada. Analizar casi hasta el orgánulo celular, los entresijos de la piel, para dar con la combinación perfecta que solo pretende alcanzar un objetivo: recuperar el equilibrio del ecosistema epidérmico. Hoy la saga se perpetúa con Jerónimo Ors, el hijo de Paquita, uno de los últimos dandys refinados del siglo XX, abriéndose paso en la sociedad digitalizada del XXI.

Jerónimo Ors, la saga continúa
No sé si por un gesto de pura coquetería masculina, “Ya que mantenemos la distancia y estamos en un entorno seguro, me voy a quitar la mascarilla”, o por desvelar su buen hacer con las pieles (lo cierto, es que muestra un excelente cutis, con esa tersura y luminosidad propias de una piel bien cuidada), Jerónimo Ors, al menos a primera vista, garantiza esa presunción de efectividad de los cosméticos que prescribe.
Los ojos de Don Jerónimo, que así le llaman, son como un preciso escáner que sondea cada milímetro cuadrado, no solo de tu piel, sino de todo tu ser. Así tiene una visión clara de dónde está el desequilibrio para ofrecer el diagnóstico más certero. Lejos de las clásicas prescripciones del tipo “tiene usted piel grasa o seca”, el señor Ors va directo al origen de la disfunción. Como si canalizara desde un más allá para ofrecer lo más efectivo en el más acá.
Don Jerónimo me coge las manos, aparentemente sin signos de ningún problema, las observa: “Hmm, poca oxigenación de los tejidos. Tienes un serio problema de circulación. No llega la sangre a la piel”. Ojiplática, le observo y exclamo: ¡Cómo puede percibir eso! (teniendo en cuenta que iba cubierta de cabeza a pies y en la trastienda del espacio de Velázquez, la iluminación era muy tenue).
Pero 35 años estudiando, analizando y tratando pieles, dan para mucho. Además de un buen porcentaje de intuición y otro tanto por ciento de excelente observación. Don Jerónimo me caló a la primera. “Tienes un problema general con tu microbiota por una complicada inmunidad o exceso de estrés”. Vamos, una “disbiosis epidérmica” en toda regla que, en mi caso, se manifiesta con problemas de levaduras en el cuero cabelludo, una ligera rosácea en ciertas zonas del rostro y una sensibilidad extrema.
Fórmulas a pequeña escala, como en la botica clásica
Y yo que pensaba que pocas cosas ya me podían sorprender. Quizás –y en honor a la humildad–, por cierto engreimiento profesional. Muchas marcas analizadas, fórmulas testeadas, con principios activos de alto nivel y tecnologías premiadas, que he tenido el gran honor de conocer, te dan la falsa creencia de que estás en el pináculo del conocimiento cosmético. Sin embargo, la destreza e intuición con la que Don Jerónimo examina las pieles, y la simplicidad que encierran sus cremas, confirma, una vez más, que lo más sencillo, sigue siendo eficaz.
Y es que, parece que las técnicas modernas ultra avanzadas de hoy, no han conseguido mejorar muchas fórmulas de ayer. Como la ancestral Agua de Rosas, de elaboración propia, que siguen produciendo igual, según la receta y técnicas de antaño, al parecer, mucho más eficaz y con más propiedades. Tantos años al pie del mostrador, descubriendo qué necesitaban las pieles del momento, les ha llevado a crear productos míticos, como la crema de raíz de regaliz, posiblemente el best-seller de la casa, o la crema equilibradora, una de sus fórmulas estrella.
Setecientas fórmulas cosméticas entre cremas, leches, tónicos, mascarillas, productos solares, para el cabello, maquillaje y hasta perfumes. Es difícil no encontrar lo que cada piel necesita. Incluso, cuando las fórmulas estándar se quedan cortas en casos complicados y especiales, Cosméticos Paquita Ors formula a medida de cada epidermis con la firme intención de que alcance su homeostasis.
Mi piel: en cuarentena
Paradojas de la vida, ahora es mi piel la que se tiene que poner en “cuarentena”. Ingresada en cuidados intensivos, a ver si conseguimos equilibrar tanto desaguisado epidérmico. “No puedes usar ningún tipo de jabón en la zona del escote porque tu capa de protección está muy deteriorada a consecuencia de una excesiva exposición solar”.
En su lugar, Jerónimo me aconseja limpiarme rostro y escote con Agua de Angélica, un agua de tocador para una limpieza extra suave, a base de especies botánicas como la Angélica Archangelica (ya se utilizaba en los monasterios medievales por sus bondades para la piel), y la Avena Sativa, para retirar la suciedad con suavidad y a la vez conseguir ese tacto aterciopelado que todos anhelamos.
Don Jerónimo se pone serio: “Tenemos que conseguir eliminar el disconfort y equilibrar tu piel en menos de un mes”. Me voy con los deberes apuntados. Un poco más consciente de qué bulle en mi interior y cómo afecta a mi exterior. Y es que, el secreto de una buena piel, depende más de lo que hacemos y sentimos que de lo que nos aplicamos. Tal cual. Con la moraleja me quedo.

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