Los sultanes siempre son servidos por mujeres en estos sitios, y hasta se hacen traer la comida que toman en el primer aposento. En él desnudaban al sultán, le envolvían la cabeza y sus caderas con paños muy blancos, y le ponían chinelas de madera. En este estado y seguido del tellak, que cada una le llevaba sus jarros y almófares de latón con toallas y esponjas, se dirigía a la segunda estancia, en la que había una temperatura que no bajaba de 45 grados Réaumur. El vapor se producía arrojando agua sobre las losas de mármol, que calentaban suficientemente, en cuyo estado atmosférico frotaban con unos saquitos de crin las coyunturas, haciendo rechinar sin dolor las diferentes articulaciones; después enjabonaban todo el cuerpo, produciendo una grande espuma, que desaparecía metiéndose en las pilas llenas de agua, ó arrojándose ésta con platos en forma de conchas. Últimamente, le envolvían la cabeza con una especie de toca de seda y lo conducían a la primera sala, donde, como hemos referido, saboreaba largo tiempo los manjares, en interminable conversación. Extracto de El perfume en España. Clara Buedo. Edit. Catarata Págs. 123-124
“Había en Córdoba 300 baños públicos”, dijo al-Maqqari, cronista andalusí, en pleno esplendor del califato de Abderramán III. Ello nos da buena muestra de la importancia que tuvo (y tiene) el hammam no solo en pleno al-Ándalus, sino en la espiritualidad musulmana en general. El extracto del inicio describe el clásico ritual del sultán, pues los baños, más que un mero espacio de higiene, fueron templos para el solaz de las élites ansiosas de lujo y opulencia. Eran lugares sensoriales, donde los sonidos del agua, los aromas, la quietud de las sombras abrazadas por el vaivén titilante de las velas creaban atmósferas perfectas para el sosiego.
El reposo de la mente y la serenidad del espíritu. Pero no solo eso. La terapia del hammam era recomendada por los sabios árabes por sus múltiples beneficios: es la vía perfecta para eliminar los residuos y toxinas del cuerpo a través de los poros por la acción del aire húmedo y el calor, relaja el espíritu y aviva el apetito como signo de buena salud. “Los baños son una de las cosas más maravillosas que los sabios de la tierra han inventado”, dijo Sirr al-Asrar, y la razón es porque los baños estaban diseñados con arreglo a las cuatro estaciones del año: frío-calor; seco-húmedo. La clave del equilibrio humoral.

Hammam Al Ándalus, un pedacito de Historia
El devenir de los hammamat fue un tanto taciturno. Tan solo unos pocos vestigios en decadencia se mantienen en pie para recordarnos el esplendor de épocas pretéritas, cuando la belleza era una cuestión divina. Afortunadamente, nos quedan enseñas que se resisten a dar por perdido el pasado manteniendo vivo aquel esplendoroso espíritu. Y me refiero a Hammam Al Ándalus, una cadena con auténticos templos del placer, visual, táctil y olfativo, en Madrid, Granada, Córdoba, Málaga o Palma donde adentrarse en su sublime arquitectura implica hacerte con un pedacito de Historia.
Con todo perfectamente orquestado, desde los profesionales que te dan la bienvenida a quienes te van guiando por el complejo, Hammam Al Andalus invita a dejarse llevar y hacer. Desde que traspasas el umbral de los vestuarios, sientes que te adentras en un pasaje de las Mil y Una noches. Un verdadero manjar para los sentidos. Quieres captar con la vista el paisaje colorido de los mosaicos vetustos con filigranas que se desvirtúan al contacto con el reverberar de la llama de las velas. Pero no puedes. Todo es demasiado bello para retenerlo en la retina. Las sombras. Una tiniebla magníficamente estudiada para obligarte a soltar y activar el que, sin duda, es el sentido estrella en este templo: el oído.
No hay nada más hipnotizante que el sonido del agua tibia en su precipitar al vacío desde cuencos de cobre, un torrente controlado que, con solo acariciar la superficie de la piel, te obliga a liberar, a emanciparte de las cargas que te anclan al exterior. A la vida frenética y demasiado mundana que hoy llevamos. Hay varios momentos del ritual que guardo en mi subconsciente: el constante sonido del agua te encuentres donde te encuentres. El descanso en el octágono de mármol tibio, donde tus músculos se sienten en paz. La fase del ritual de espuma con jabón negro de eucalipto y menta introducido en una bolsa de tela especial cuyo tejido produce una suave exfoliación, y el posterior aclarado con jarros de agua templada. Y el masaje final, con aceites perfumados, yo elegí el azahar, símbolo aromático de la cultura andalusí, tremendamente sensual, absolutamente transmutador.

El hammam también es para el verano
Y todo esto lo hice en pleno mes de julio en el Albaicín de Granada, a los pies de la Alhambra, con 38ºC de media y calles intransitables en el ecuador del día. Sin embargo, salí de allí con una sensación de absoluto atemperamiento. Me sentía bien, me percibía integrada en un espacio y un tiempo que me trasladó a la Granada andalusí, y me hizo sentir su opulento legado, lleno de sabiduría, pleno de placer, rebosante de belleza. El hammam también es para el verano por una lógica razón, igual que degustar el té de menta hirviente o cubrir el cuerpo con tejidos de algodón o lino: se crea cierta complicidad climática entre el interior y el exterior, es como hacer las paces con la temperatura, sellar un pacto de bienestar entre lo que eres y donde te encuentras.
La visión de futuro de Hammam Al Ándalus se traduce en Halmma y está en pleno centro de Madrid. Más que un espacio único de arquitectura emocional y detalles ultra sensoriales como los masajes al agua, realizados por sus “Maestros del Masaje” capaces de elevar la práctica a un nivel superior. Más que un ritual es una experiencia inmersiva donde siempre están presentes el líquido elemento y el juego lúdico entre luces y sombras que te conducen irremediablemente a un estado onírico que te conecta con lo más profundo de tu ser. Posiblemente se trate de una de las experiencias más sensuales y hedónicas que he tenido el privilegio de disfrutar. Absolutamente recomendable, casi obligatorio de experimentar en algún momento de la vida.
Hola Clara, sin duda un lugar de referencia para el bienestar en España. Te recomiendo encarecidamente que pruebes el Hammam Al Ándalus en Málaga, un lugar monumental que te traslada a otra época y te sumerje en un lindo de sensaciones
Querida Aba, gracias por tu comentario. Conozco el de Madrid y Granada pero, sin duda, cuando tenga la oportunidad intentaré conocer el de Málaga. Son espacios mágicos, producen tantas sensaciones que resulta complicado poder describirlas =) abrazos